domingo, 29 de agosto de 2010

03/08/2010 - 10. Arnastapi – Reykjavik

De nuevo cambio de planes,

Muchos de los libros que me han ayudado a ambientarme en este viaje, en esta aventura, hablan de la creatividad de los Islandeses, muchos incluso afirman que la felicidad en Islandia, que pese a su hostil clima, pese a los elevados índices de suicidio juvenil, tiene unos índices elevados en la “escala” de la felicidad.

Como expone uno de esos libros, para los Islandeses, la felicidad está en el fracaso, es importante matizar esta expresión, en el resto del mundo, o al menos en multitud de lugares, cuando se habla de fracaso de alguien, entrando en odiosas generalizaciones, suele ser para ilustrar con un caso de éxito, probo esto y fracasó, pero … bla bla bla, consiguió hacer tal. Es como si la lección de todo fracasado acabe llevándote al éxito.

Pero en Islandia, el fracaso es símbolo de vida, por lo visto es habitual que alguien que lleva años dedicado a cualquier actividad, mañana decida ser otra cosa y empezar de cero… en el fondo, ¿Dónde está la gracia de la vida? ¿Dónde está la gracia del camino? En caminar … ¿Verdad, señor Machado? Aquí todo el mundo parece tener derecho a ser escritor, a ser cantante, fotógrafo, escultor, y que más da... lo importante es hacer lo que quieres hacer.

Dicho ésto, y volviendo al ejemplo de Dalvik y de la motivación positiva que puede suponer para un alumno que su trabajo práctico acabe formando parte de la decoración de su población, sabiendo que el resto de personas lo va a valorar públicamente, y que su “obra” va a ser difundida … incluso que podrá pasear cerca de la escuela con las princesitas rubias que son las islandesas (al menos de pequeñas) y vacilar de escultura de pez … no me diréis que no es una forma genial de conquistar a alguien … ;D

Bueno, que me pierdo, a lo que iba, es que he visto un montón de granjas que apilan balas de paja, que aquí se plastifican en blanco, y escriben mensajes para los conductores, con colores de todo tipo, con smiles, con flores, con estrellas. Que en multitud de casas hay camas elásticas que muchos feriantes querrían para cobrar por ellas en España, ¿Os imagináis haber crecido con una cama elástica en tu propia casa?

Si ahora lo pienso, ya me duelen las cervicales, pero… os aseguro que incluso ahora, me apetecería jadear como un sabueso, después de 15 minutos de saltos hasta dejar los calcetines negros. Bueno no, que aquí somos tan sosos que hasta los calcetines suelen ser siempre negros.

Por no hablar de las botas de agua. ¿Dónde están las botas de agua? ¿Que es eso de llevar a los niños con zapatillas del tamaño de un monedero de la marca Nike? ¿Que pasa que las botas de agua no son de marca?

Señores, los niños... ¡Tienen que saltar en los charcos!

Por ahí que iba yo, por Anarstapi, el Camping no era ni de mucho tan bueno como pensamos, como os comenté ayer no tenía servicio de duchas ni lavandería, y la humedad del ambiente no recomienda lavado a mano, a riesgo de criar malvas en los calzoncillos. Si a eso le sumamos la intensa lluvia de toda la noche (Por cierto la Vaude volvió a comportarse como una campeona) pues nos dejó con mínimas ganas de seguir en Snaefellness.

Pese a todo, seguimos con la ruta, dando la vuelta a la península hasta Olafsvik a ver si mejoraba en la otra cara del volcán y podíamos caminar un rato. Nada más lejos de la realidad. Hoy todo era intensa lluvia, el primer día desde que llegamos, que es como para estar contentos.

La decisión fue la siguiente, bajamos hasta Thingvellir, Geysir y Gullfoss, el círculo dorado, y nos ahorramos tener que hacer esa ruta en autobús con excursión organizada, que la verdad es que nos da bastante palo.

Cancelamos la noche que teníamos en el hostel de Stykkysholdur, y reservamos una más en Gardur Inn, el hotel que tenemos en modo sleeping bag en Reykjavik.

Lo único malo ha sido que el tiempo no ha cambiado, y no hemos podido disfrutar mucho de la excursión de hoy, en realidad no descartábamos dormir en Thingvellir, que da para una noche y para mucho más, pero no lloviendo, se van acumulando los días en el cuerpo.

Pese a todo dimos un digno paseo por Thingvellir, para muchos la capital Islandesa, el antiguo parlamento de este país, antes que la capital actual. El lugar es emblemático, otra de las tantas maravillas.


Tengo que reconocer que los tres “Natural highligths” como los denominan ellos, de hoy, han sido mucho más turísticos que el resto de la Isla, imaginamos que al estar tan cerca de la capital, es mucho más accesible para personas que visitan el país por menos días, y utilizan Reykjavik como base de operaciones.


Eso fue mucho más claro en Geysir, no era la rambla para entendernos, pero tampoco era Jökursárlón, donde dimos la vuelta al lago cruzándonos apenas con 10 personas. Hay básicamente un geyser activo el "Strokkur", Geysir el antiguo geyser que pone nombre a la zona está inactivo, presumiblemente, aunque es solo una hipótesis, por que a los visitantes les daba por tirar cosas al interior del mismo para provocar su ira, hasta colapsar el mismo.


Hemos vivido, durante el paseo por la zona, 4 o 5 erupciones, ha habido especialmente una enorme, que debe haber alcanzado los 15-20 metros. A ver si puedo incorporar los vídeos.

Por último Gullfoss, de los tres, es sin lugar a dudas, el que más lamento haber visitado bajo la lluvia, he visto cientos de cascadas en este viaje, pero esta es preciosa, podríamos decir que Detifoss es la más impresionante, y Skogafoss la más bonita por la ubicación etc. Pero Gullfoss, la cascada de oro (hay que reconocer que tiene nombre algo porno) es la más bonita. Tiene dos zonas que se suman oblicuas para introducirse en un estrecho cañón.


Esta zona central es un punto de encuentro de las dos placas continentales americana y europea, la famosa falla Almannagjá que divide la isla, por lo que en toda la zona es habitual saltos enormes de piedra que parecen minados por el hombre y que, como muchas guías apuntan, te recuerdan que te encuentras en una tierra en continuo crecimiento.

Ahora estoy en la habitación del hotel, en una urbe después de algo más de 10 días.

Otra cosa curiosa, al menos para mi, después de nuestro primer paseo por Reykjavik, es que los cementerios están dentro de la ciudad, no a las afueras, no se si sería muy atrevido sacar conclusiones al respecto, pero sí que me parece curioso. Sin grandes muros, sin puertas, simplemente una zona ajardinada de libre acceso, como si fuera un jardín, o un bosque en medio de la ciudad.

Mañana a la laguna azul, a recuperar fuerzas, aunque me temo que puede ser un hormiguero como hoy. Y por la tarde ya transformación total urbanita.

Un abrazo,

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